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Indígenas ganan poder en Brasil pero los desafíos del racismo persisten

Tras catapultarse del activismo a un asiento en el Congreso, la diputada indígena Celia Xakriabá ganó “incidencia” en la política de Brasil. Pero también sufre actitudes racistas e intentos por silenciarla en el hemiciclo, denuncia.

Célia Xakriaba, congresista indígena de Brasil, el 24 de octubre de 2023 en Brasilia © EVARISTO SA / AFP

Desde hace tiempo, algunas figuras indígenas brasileñas, como el cacique Raoni, son reconocidas en el mundo por sus campañas de defensa ambiental, pero hasta este año los pueblos originarios estaban ausentes de las posiciones de poder en su país.

Su población es pequeña: representan menos el 0,83% de los 203 millones de habitantes del país, pero su papel es clave, según los científicos, que consideran sus territorios como barreras contra la deforestación y el calentamiento global.

“Llegamos para reforestar un poco el Congreso nacional”, dice Xakriabá, una de los cinco indígenas elegidos en los comicios de octubre de 2022 -un número récord- entre los 513 miembros de la Cámara de Diputados.

El Senado, de 81 curules, no tienen representación.

Sonia Guajajara, también elegida congresista, dejó el Parlamento para encabezar el inédito Ministerio de Pueblos Indígenas, creado por el presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva tras asumir su tercer mandato en enero.

Y al frente de la Funai, ente gubernamental de defensa de los 305 pueblos indígenas, está la exdiputada Joenia Wapichana, la primera mujer indígena abogada de Brasil.

“Históricamente, los pueblos indígenas estuvimos en contra de participar en la estructura del Estado”, dice Guajajara a la AFP.

Pero eso cambió, especialmente durante el gobierno “antiindígena” del expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro (2019-2022): “Llegó un momento en que creímos que sería importante tener una voz legítima para priorizar las pautas indígenas y de medio ambiente”, destaca.

Lula encargó a Guajajara reanudar el proceso -paralizado por Bolsonaro- de demarcación de los 700 territorios reservados a los pueblos indígenas, para protegerlos además de las invasiones de ganaderos y mineros ilegales, un reclamo histórico del movimiento.

Desde abril, Lula, un declarado defensor de las causas indigenistas, ordenó la demarcación de ocho nuevas reservas.

Pese a ello, los activistas aún están por ver “grandes resultados” del nuevo ministerio, “un espacio aún en construcción”, dice Dinamam Tuxá, coordinador de la Asociación de Pueblos Indígenas de Brasil (APIB).

En cambio, destaca la “aguerrida” posición de diputados como Xakriabá, de 34 años y con un máster en Desarrollo Sustentable, para defender la agenda indígena en la Cámara de Diputados, que tacha de “reaccionaria”.

“Mayoría no es mejoría”

El Parlamento, mayoritariamente conservador, aprobó en septiembre una regla que solo otorga derecho a los pueblos originarios de reivindicar los territorios que ocupaban en 1988, cuando se promulgó la Constitución.

A pesar de la derrota, Xakriabá defiende que la bancada indígena hizo ruido en los debates y retrasó la tramitación, cambiando la “narrativa”.

“Demostramos que, aunque somos pocos, nuestra presencia es muy importante para incidir” en la agenda indígena y ambiental, afirma la diputada por el estado de Minas Gerais (sureste), en entrevista con la AFP.

“No siempre quien es mayoría es mejoría”.

El núcleo del proyecto de ley fue rechazado por Lula y debe ser revisado de nuevo por el Congreso. Paralelamente, la Corte Suprema declaró inconstitucional esa tesis.

Xakriabá denuncia que el Congreso es un lugar “muy árido” para una “joven mujer indígena” que defiende “pautas de diversidad”.

“El racismo es muy grande”, apunta.

Es blanco de comentarios “intimidatorios” de otros parlamentarios y en ocasiones la han tachado de “india” vendedora de artesanías dentro del Congreso, dice.

Para combatir esa lacra, sueña con un futuro en que haya al menos un representante indígena por cada una de las 27 unidades federativas de Brasil.

“En los territorios indígenas enfrentamos las balas, el genocidio, (…) Pero incluso aquí, muchas veces intentan silenciar nuestras voces”, destaca la legisladora, adornada con un tocado de plumas blancas y azules y pinturas tradicionales en el rostro.

Presidente indígena

“Creo que conseguimos avanzar mucho. Es un camino sin regreso”, dice Guajajara.

Pero todavía se debe cambiar la mirada sobre los indígenas, vistos como “inferiores” por la sociedad y blanco de un acceso “desigual” a los cargos de elección popular, agrega.

Desde ya se preparan para las elecciones municipales de 2024, articulando alianzas con los partidos progresistas, y presionando a la justicia para distribuir fondos electorales y cuotas mínimas de acceso a los medios a candidatos indígenas.

Para Tuxá la apuesta es aún mayor.

“Queremos indígenas ministros, en la suprema corte, queremos que ocupen espacios de toma de decisión, hasta presidente de la República”, dice a la AFP.

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